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miércoles, 11 de noviembre de 2015
miércoles, 2 de septiembre de 2015
viernes, 28 de agosto de 2015
ESE AGUJERO NEGRO
"Concierne a todas las familias", "forma parte de la vida", sin embargo "cuando toca a los afectos familiares, la muerte no nos parece jamás natural". El Papa Francisco en la audiencia de ayer habló de la muerte y del luto. "Para los padres, sobrevivir a los propios hijos es algo particularmente desgarrador, que contradice la naturaleza elemental de las relaciones que dan sentido a la familia misma. La pérdida de un hijo o de una hija es como si detuviera el tiempo: se abre un abismo que traga el pasado y también el futuro". Es como "una bofetada - continuó – a las promesas, a los dones y sacrificios de amor alegremente entregados a la vida que hemos hecho nacer. Tantas veces vienen a misa en Santa Marta padres con la foto de un hijo, una hija, niño, muchacho, muchacha y me dicen: “se fue”. La mirada es tan dolorida. La muerte toca y cuando es un hijo toca profundamente”.
Y algo similar, subrayó el Papa : "sufre el niño que se queda solo, por la pérdida de un padre, o de ambos. [...] El vacío del abandono que se abre dentro de él es aún más angustiante por el hecho que no tiene ni siquiera la experiencia suficiente para “dar un nombre” a aquello que ha sucedido", ese "agujero negro" que "se abre en la vida de las familias y al cual no sabemos dar explicación". A veces, prosiguió el Papa, “se llega incluso a dar la culpa a Dios" Pero no es sólo la muerte física. La muerte física tiene “cómplices” que son aún peores que ella y que se llaman odio, envidia, soberbia, avaricia" y que "la hacen aún más dolorosa e injusta" porque los " afectos familiares aparecen como las víctimas predestinadas e indefensas de estas potencias auxiliares de la muerte, que acompañan la historia del hombre".
En cualquier caso, "la muerte no tiene la última palabra". Todas las veces "que la familia en el luto – incluso terrible – encuentra la fuerza para custodiar la fe y el amor que nos unen a aquellos que amamos, impide a la muerte, ya ahora, que se tome todo. La oscuridad de la muerte debe ser afrontada con un trabajo de amor más intenso". No se debe negar el derecho al llanto: "También Jesús “rompió a llorar” y estaba “profundamente turbado" por la pérdida de una familia que amaba. Podemos más bien - concluyó - tomar del testimonio simple y fuerte de tantas familias que han sabido captar, en el durísimo pasaje de la muerte, también el seguro pasaje del Señor, crucificado y resucitado, con su irrevocable promesa de resurrección de los muertos".
jueves, 27 de agosto de 2015
UN REGALO PARA LA FAMILIA
El Papa Francisco ha comenzado a hablar de la fiesta en su camino de reflexión sobre las tres dimensiones que marcan, por así decirlo, el ritmo de la vida familiar: la fiesta, el trabajo y la oración. "La fiesta - inició así la catequesis en el Aula Pablo VI - es un invento de Dios", que " nos enseña la importancia de dedicar un tiempo a contemplar y a gozar de lo que en el trabajo ha sido bien hecho. Hablo de trabajo, naturalmente, no sólo en el sentido del arte manual y de la profesión, sino en el sentido más amplio: cada acción con la cual nosotros los hombres y mujeres podemos colaborar a la obra creadora de Dios".
"Puede suceder que una fiesta llegue en circunstancias difíciles y dolorosas, y se celebra quizá “con un nudo en la garganta”. Y sin embargo –dijo-, también en estos casos, pedimos a Dios la fuerza de no vaciarla completamente. Ustedes mamás y papás saben bien esto: cuántas veces, por amor a los hijos, son capaces de apartar las penas para dejar que ellos vivan bien la fiesta, ¡gusten el sentido bueno de la vida! ¡Hay tanto amor en esto!"
Si “el tiempo de la fiesta es sagrado porque - dijo el Papa - Dios habita en modo especial", “la familia está dotada de una competencia extraordinaria para entender, dirigir y sostener el auténtico valor del tiempo de la fiesta. Pero ¡que bellas son las fiestas en familia, son bellísimas! Y en particular del domingo. No es casualidad si las fiestas en las cuales hay lugar para toda la familia ¡son aquellas que salen mejor!"
El Papa añadió que "la misma vida familiar, mirada con los ojos de la fe, aparece mejor de los cansancios que implica. Nos aparece como una obra de arte de sencillez, bella porque no es artificial, no fingida, sino capaz de incorporar en sí misma todos los aspectos de la vida verdadera. Nos aparece como una cosa “muy buena”, como Dios dice al final de la creación del hombre y de la mujer. Por lo tanto, la fiesta es un valioso regalo de Dios; un valioso regalo que Dios ha hecho a la familia humana: ¡no la arruinemos!"
miércoles, 26 de agosto de 2015
UNA ALEGRÍA POSIBLE
"Volver a encontrar la alegría en la familia es posible con la ayuda de María": fueron las palabras que el Papa Francisco en la misa de Guayaquil dirigió a las numerosas familias heridas.
"Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano, de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos. También la carencia de ese vino puede ser el efecto de la falta de trabajo, de las enfermedades, situaciones problemáticas que nuestras familias en todo el mundo atraviesan".
En estos contextos María, "madre cariñosa", se dirige con confianza a Jesús y reza para que Él intervenga, continuó el Papa refiriéndose al pasaje del milagro de las bodas de Caná. El Papa Francisco citó las tres palabras que se aprenden en la familia: permiso, perdón, gracias. "Pequeños gestos" que, subrayó, "ayudan a construir", sobre todo ahí donde hay un gran sufrimiento. "La familia - dijo - es el hospital más cercano, cuando uno está enfermo lo cuidan ahí mientras se puede. La familia es la primera escuela de los niños, es el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, es el mejor asilo para los ancianos".
"La familia constituye la gran «riqueza social», que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a sus los ciudadanos. En efecto, estos servicios que la sociedad presta a los ciudadanos no son una forma de limosna, sino una verdadera «deuda social» respecto a la institución familiar, que es la base y la que tanto aporta al bien común de todos".
Finalmente, el Papa invitó a que se rezara por el Sínodo de octubre, en el que se va a tratar de "encontrar soluciones y ayudas concretas", para que " aun aquello que nos parezca impuro," o nos escandalice o nos espante " Dios –haciéndolo pasar por su «hora»– lo pueda transformar en milagro. La familia hoy necesita de este milagro".
martes, 25 de agosto de 2015
LAS LÁGARIMAS DE LOS NIÑOS
Si se vacía "del amor conyugal" la familia se divide, y la disgregación se "trasmite" a los niños. El Papa Francisco hoy, en la audiencia general en la Plaza de San Pedro, habló de la separación, reflexionando sobre "las heridas que se abren" dentro de la convivencia familiar, cuando en la familia "nos hacemos mal”. El Santo Padre invitó a acompañar a las familias "en las situaciones llamadas irregulares" para que "los niños no se conviertan en rehenes del padre o de la madre".
"Todas las heridas y todos los abandonos del papá y de la mamá inciden en la carne viva de los hijos", el Papa continuó: "cuando un hombre y una mujer, que se han comprometido a ser “una sola carne” y a formar una familia, piensa obscesivamente en las propias exigencias de libertad y de gratificación, esta distorsión afecta profundamente el corazón y la vida de los hijos. Tantas veces los niños se esconden para llorar solos…".
A pesar de nuestros "análisis psicológicos refinados" y de hablar mucho "de trastornos del comportamiento, de salud psíquica, de bienestar del niño, de ansiedad de los padres y de los niños", el Papa se pregunta: "si no nos hemos anestesiado también respecto a las heridas en el alma de los niños”: "Cuanto más se trata de compensar con regalos y pasteles, más se pierde el sentido de las heridas --más dolorosas y profundas-- del alma"
El Papa quiso hacer hincapié en el "peso de la montaña que aplasta el alma de un niño", el peso de las "elecciones erróneas": "cuando los adultos pierden la cabeza, cuando cada uno piensa a sí mismo, cuando papá y mamá se hacen daño, el alma de los niños sufre mucho, siente desesperación. Y son heridas que dejan marca para toda la vida". Es verdad, por otra parte, que "hay casos en los que la separación es inevitable. A veces se puede convertir incluso en moralmente necesaria, cuando se trata precisamente de proteger al cónyuge más débil, o a los hijos pequeños, de las heridas más graves causadas por la prepotencia y la violencia, del enfado o del aprovecharse, de la alienación y de la indiferencia".
En cuanto a los separados, algunos reconocen "en la soledad, una llamada del Señor dirigida a ellos",además, el Papa añadió, "en torno a nosotros encontramos familias en situaciones llamadas irregulares - a mí no me gusta esta palabra - y nos planteamos muchos interrogantes. ”Cómo ayudarlas? ”Cómo acompañarlas? ”Cómo acompañarlas para que los niños no se vuelvan rehenes del papá o de la mamá?
El Papa Francisco nos invitó a pedirle al Señor una "gran fe”, para mirar la realidad con la mirada de Dios, y una "gran caridad", para acercarnos a las personas con su corazón misericordioso.
http://www.familiam.org/famiglia_esp/iglesia/00011064_Las_lagrimas_de_los_ninos.html
miércoles, 5 de agosto de 2015
REHACER SU VIDA
Una amiga me platicaba en días pasados que recibió la visita de una antigua vecina, la acompañaba su hija, ya mayor ahora con dos hijitos.... a esa chica mi amiga la conoció desde que nació, así que sus ojos la ven con muchísimo cariño. Esta chica se casó con un supuesto chico muy bueno.... nacieron los dos niños con autismo y la vida se les empezó a dificultar. La chica siempre ha sido algo bohemia, le gusta cantar y tiene un grupo musical... eso parece ser dificultó algo mas la relación. El caso es que terminó en una separación y las consecuencias no se han hecho esperar. El supuesto chico "bueno" va ya por la tercera relación fallida... y ella ya encontró con quien "rehacer" su vida (nótese que lo pongo entre comillas). Cuando mi amiga me contaba toda la situación con pelos y detalles... dije yo que era una tristeza... que las relaciones fueran así.... y me contestó; ¡Qué bueno que rehaga su vida! es muy joven para estar sola......
Luego recordé otra historia: La hermana de otra amiga, había sido abandonada por su esposo porque tenía otra mujer con quien quería casarse..... Un dolor muy grande para ella... una desilusión y pena que solo quien la vive sabe lo que es..... pasado el tiempo un hombre la pretendió y llegaron al punto en que deseaban casarse. Al fin, también ella tenía "derecho a rehacer su vida".... y todos la alentaban y la felicitaban... le facilitaban el dar ese paso..... sin embargo.... mi amiga, su hermana.... entre sus otras muchas hermanas... era la única que le decía: No.... no lo hagas.... piensa que por llevar una vida de supuesta felicidad en este mundo te vas a alejar de Dios y de los sacramentos y a mi eso me duele muchísimo.... mientras todos le decía que era mala y loca en pretender que su hermana se quedara sola, pero ella le insistía en que lo pensara..... pasó el tiempo y la boda era inminente..... pero algo sucedió en el interior de aquella hermana y tomó la decisión de no casarse..... al poco tiempo el esposo volvió de aquella relación equivocada después de 10 años de aquel rompimiento.... le pidió perdón... el amor que había sido bendecido fue saliendo de las cenizas.... y con un gran esfuerzo y entrega generosa aquella pareja recuperó su vida matrimonial.... de eso hace ya un tiempo.... esta mujer se acerca a los Sacramentos... está cerca de Dios... agradece a su hermana ser sincera y hablarle con la verdad... porque finalmente si rehizo su vida... su vida matrimonial.. su camino de salvación.
Y volviendo a la historia anterior... me cuestiono si los que dicen que aman a sus amigos y los impulsan a alejarse de la vida de la gracia para que "rehagan" su vida hicieran lo que hizo mi amiga con su hermana ¿que pasaría?
sábado, 25 de julio de 2015
miércoles, 3 de junio de 2015
catequesis de la familia PAPA FRANCISCO
El Papa Francisco explicó que las próximas catequesis las dedicará a analizar "las vulnerabilidades” de la familia.
Hoy advirtió de los peligros que amenazan a una sociedad cuyas familias son pobres. Dijo que la pobreza pone en riesgo la unidad familiar y lanzó un llamamiento a los gobernantes para que protejan a las familias.
La cultura de hoy, subrayó, invita a un bienestar individualista que debilita los lazos familiares.
RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA EN ESPAÑOL:
Queridos hermanos y hermanas, en la catequesis de hoy nos referimos a la pobreza, como condición de vida que pone a prueba la familia y la hace vulnerable. La pobreza azota a muchas familias en las periferias de las grandes ciudades y también en las zonas rurales. Muchas veces se ve agravada por la guerra, que es sin duda la madre de todas las pobrezas, depredadora de vidas, de almas y de los afectos más queridos. En medio de estas situaciones, muchas familias intentan vivir con dignidad, confiando en la bendición de Dios, convirtiéndose así en una auténtica escuela de humanidad que salva a la sociedad de la barbarie.
Pero este reconocimiento no nos exime de nuestra obligación de velar con la oración y con la acción para que a nadie falte el pan, el trabajo, la educación y la sanidad.
Es necesario que desde todas las instancias de la vida pública se pongan los medios para un nuevo orden social, que rompa la espiral perversa entre familia y pobreza que lleva la sociedad a la ruina. También nosotros cristianos debemos estar cada vez más cerca de las familias que sufren la pobreza. La Iglesia madre no debe olvidar nunca este drama de sus hijos. Ella también está llamada a ser pobre, practicando la simplicidad en su propia vida, de manera que llegue a ser fecunda y pueda dar una respuesta a tanta miseria.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Venezuela, Guatemala, y Uruguay, así como a los venidos de otros países latinoamericanos. Pidamos a Dios que sostenga a las familias sometidas a la dura prueba de la pobreza, para que puedan seguir siendo en el mundo lugar de acogida y escuelas de auténtica humanidad. Que Dios los bendiga.
jueves, 16 de abril de 2015
CATEQUESIS SOBRE LA FAMILIA

Libro electrónico: Catequesis sobre la familia (Vol. I)
Hemos reunido en este libro electrónico las primeras catequesis que ha dedicado el Papa Francisco a la familia, durante "este tiempo intermedio entre dos Asambleas del Sínodo dedicadas a esta realidad tan importante”.
http://opusdei.org.bo/es-bo/article/libro-electronico-catequesis-sobre-la-familia-vol-i/
sábado, 11 de abril de 2015
jueves, 29 de enero de 2015
COMUNICAR LA FAMILIA
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XLIX JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
Comunicar la familia:
ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor
El tema de la familia está en el centro de una profunda reflexión eclesial y de un proceso sinodal que prevé dos sínodos, uno extraordinario –apenas celebrado– y otro ordinario, convocado para el próximo mes de octubre. En este contexto, he considerado oportuno que el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales tuviera como punto de referencia la familia. En efecto, la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar. Volver a este momento originario nos puede ayudar, tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista.
Podemos dejarnos inspirar por el episodio evangélico de la visita de María a Isabel (cf. Lc 1,39-56). «En cuanto Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”» (vv. 41-42).
Este episodio nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo. En efecto, la primera respuesta al saludo de María la da el niño saltando gozosamente en el vientre de Isabel. Exultar por la alegría del encuentro es, en cierto sentido, el arquetipo y el símbolo de cualquier otra comunicación que aprendemos incluso antes de venir al mundo. El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá. Este encuentro entre dos seres a la vez tan íntimos, aunque todavía tan extraños uno de otro, es un encuentro lleno de promesas, es nuestra primera experiencia de comunicación. Y es una experiencia que nos acomuna a todos, porque todos nosotros hemos nacido de una madre.
Después de llegar al mundo, permanecemos en un «seno», que es la familia. Un seno hecho de personas diversas en relación; la familia es el «lugar donde se aprende a convivir en la diferencia» (Exort. ap. Evangelii gaudium, 66): diferencias de géneros y de generaciones, que comunican antes que nada porque se acogen mutuamente, porque entre ellos existe un vínculo. Y cuanto más amplio es el abanico de estas relaciones y más diversas son las edades, más rico es nuestro ambiente de vida. Es el vínculo el que fundamenta la palabra, que a su vez fortalece el vínculo. Nosotros no inventamos las palabras: las podemos usar porque las hemos recibido. En la familia se aprende a hablar la lengua materna, es decir, la lengua de nuestros antepasados (cf. 2 M7,25.27). En la familia se percibe que otros nos han precedido, y nos han puesto en condiciones de existir y de poder, también nosotros, generar vida y hacer algo bueno y hermoso. Podemos dar porque hemos recibido, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunicación.
La experiencia del vínculo que nos «precede» hace que la familia sea también el contexto en el que se transmite esa forma fundamental de comunicación que es la oración. Cuando la mamá y el papá acuestan para dormir a sus niños recién nacidos, a menudo los confían a Dios para que vele por ellos; y cuando los niños son un poco más mayores, recitan junto a ellos oraciones simples, recordando con afecto a otras personas: a los abuelos y otros familiares, a los enfermos y los que sufren, a todos aquellos que más necesitan de la ayuda de Dios. Así, la mayor parte de nosotros ha aprendido en la familia la dimensión religiosa de la comunicación, que en el cristianismo está impregnada de amor, el amor de Dios que se nos da y que nosotros ofrecemos a los demás.
Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras. Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría: del saludo de María y del salto del niño brota la bendición de Isabel, a la que sigue el bellísimo canto del Magnificat, en el que María alaba el plan de amor de Dios sobre ella y su pueblo. De un «sí» pronunciado con fe, surgen consecuencias que van mucho más allá de nosotros mismos y se expanden por el mundo. «Visitar» comporta abrir las puertas, no encerrarse en uno mismo, salir, ir hacia el otro. También la familia está viva si respira abriéndose más allá de sí misma, y las familias que hacen esto pueden comunicar su mensaje de vida y de comunión, pueden dar consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias.
La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar. Un niño que aprende en la familia a escuchar a los demás, a hablar de modo respetuoso, expresando su propio punto de vista sin negar el de los demás, será un constructor de diálogo y reconciliación en la sociedad.
A propósito de límites y comunicación, tienen mucho que enseñarnos las familias con hijos afectados por una o más discapacidades. El déficit en el movimiento, los sentidos o el intelecto supone siempre una tentación de encerrarse; pero puede convertirse, gracias al amor de los padres, de los hermanos y de otras personas amigas, en un estímulo para abrirse, compartir, comunicar de modo inclusivo; y puede ayudar a la escuela, la parroquia, las asociaciones, a que sean más acogedoras con todos, a que no excluyan a nadie.
Además, en un mundo donde tan a menudo se maldice, se habla mal, se siembra cizaña, se contamina nuestro ambiente humano con las habladurías, la familia puede ser una escuela de comunicación como bendición. Y esto también allí donde parece que prevalece inevitablemente el odio y la violencia, cuando las familias están separadas entre ellas por muros de piedra o por los muros no menos impenetrables del prejuicio y del resentimiento, cuando parece que hay buenas razones para decir «ahora basta»; el único modo para romper la espiral del mal, para testimoniar que el bien es siempre posible, para educar a los hijos en la fraternidad, es en realidad bendecir en lugar de maldecir, visitar en vez de rechazar, acoger en lugar de combatir.
Hoy, los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias. La pueden obstaculizar si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y de espera, olvidando que «el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido» (Benedicto XVI,Mensaje para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2012). La pueden favorecer si ayudan a contar y compartir, a permanecer en contacto con quienes están lejos, a agradecer y a pedir perdón, a hacer posible una y otra vez el encuentro. Redescubriendo cotidianamente este centro vital que es el encuentro, este «inicio vivo», sabremos orientar nuestra relación con las tecnologías, en lugar de ser guiados por ellas. También en este campo, los padres son los primeros educadores. Pero no hay que dejarlos solos; la comunidad cristiana está llamada a ayudarles para vivir en el mundo de la comunicación según los criterios de la dignidad de la persona humana y del bien común.
El desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información. Esta es la dirección hacia la que nos empujan los potentes y valiosos medios de la comunicación contemporánea. La información es importante pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión de conjunto.
La familia, en conclusión, no es un campo en el que se comunican opiniones, o un terreno en el que se combaten batallas ideológicas, sino un ambiente en el que se aprende a comunicar en la proximidad y un sujeto que comunica, una «comunidad comunicante». Una comunidad que sabe acompañar, festejar y fructificar. En este sentido, es posible restablecer una mirada capaz de reconocer que la familia sigue siendo un gran recurso, y no sólo un problema o una institución en crisis. Los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera un modelo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta que se ha de vivir; o como si fuera una ideología de uno contra la de algún otro, en lugar del espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado. Narrar significa más bien comprender que nuestras vidas están entrelazadas en una trama unitaria, que las voces son múltiples y que cada una es insustituible.
La familia más hermosa, protagonista y no problema, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos. No luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente, para construir el futuro.
Vaticano, 23 de enero de 2015
Vigilia de la fiesta de San Francisco de Sales.
Francisco
viernes, 23 de enero de 2015
MENSAJE PARA LA XLIX JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES: COMUNICAR LA FAMILIA.
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XLIX JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
Comunicar la familia:
ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor
El tema de la familia está en el centro de una profunda reflexión eclesial y de un proceso sinodal que prevé dos sínodos, uno extraordinario –apenas celebrado– y otro ordinario, convocado para el próximo mes de octubre. En este contexto, he considerado oportuno que el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales tuviera como punto de referencia la familia. En efecto, la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar. Volver a este momento originario nos puede ayudar, tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista.
Podemos dejarnos inspirar por el episodio evangélico de la visita de María a Isabel (cf. Lc 1,39-56). «En cuanto Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”» (vv. 41-42).
Este episodio nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo. En efecto, la primera respuesta al saludo de María la da el niño saltando gozosamente en el vientre de Isabel. Exultar por la alegría del encuentro es, en cierto sentido, el arquetipo y el símbolo de cualquier otra comunicación que aprendemos incluso antes de venir al mundo. El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá. Este encuentro entre dos seres a la vez tan íntimos, aunque todavía tan extraños uno de otro, es un encuentro lleno de promesas, es nuestra primera experiencia de comunicación. Y es una experiencia que nos acomuna a todos, porque todos nosotros hemos nacido de una madre.
Después de llegar al mundo, permanecemos en un «seno», que es la familia. Un seno hecho de personas diversas en relación; la familia es el «lugar donde se aprende a convivir en la diferencia» (Exort. ap. Evangelii gaudium, 66): diferencias de géneros y de generaciones, que comunican antes que nada porque se acogen mutuamente, porque entre ellos existe un vínculo. Y cuanto más amplio es el abanico de estas relaciones y más diversas son las edades, más rico es nuestro ambiente de vida. Es el vínculo el que fundamenta la palabra, que a su vez fortalece el vínculo. Nosotros no inventamos las palabras: las podemos usar porque las hemos recibido. En la familia se aprende a hablar la lengua materna, es decir, la lengua de nuestros antepasados (cf. 2 M7,25.27). En la familia se percibe que otros nos han precedido, y nos han puesto en condiciones de existir y de poder, también nosotros, generar vida y hacer algo bueno y hermoso. Podemos dar porque hemos recibido, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunicación.
La experiencia del vínculo que nos «precede» hace que la familia sea también el contexto en el que se transmite esa forma fundamental de comunicación que es la oración. Cuando la mamá y el papá acuestan para dormir a sus niños recién nacidos, a menudo los confían a Dios para que vele por ellos; y cuando los niños son un poco más mayores, recitan junto a ellos oraciones simples, recordando con afecto a otras personas: a los abuelos y otros familiares, a los enfermos y los que sufren, a todos aquellos que más necesitan de la ayuda de Dios. Así, la mayor parte de nosotros ha aprendido en la familia la dimensión religiosa de la comunicación, que en el cristianismo está impregnada de amor, el amor de Dios que se nos da y que nosotros ofrecemos a los demás.
Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras. Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría: del saludo de María y del salto del niño brota la bendición de Isabel, a la que sigue el bellísimo canto del Magnificat, en el que María alaba el plan de amor de Dios sobre ella y su pueblo. De un «sí» pronunciado con fe, surgen consecuencias que van mucho más allá de nosotros mismos y se expanden por el mundo. «Visitar» comporta abrir las puertas, no encerrarse en uno mismo, salir, ir hacia el otro. También la familia está viva si respira abriéndose más allá de sí misma, y las familias que hacen esto pueden comunicar su mensaje de vida y de comunión, pueden dar consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias.
La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar. Un niño que aprende en la familia a escuchar a los demás, a hablar de modo respetuoso, expresando su propio punto de vista sin negar el de los demás, será un constructor de diálogo y reconciliación en la sociedad.
A propósito de límites y comunicación, tienen mucho que enseñarnos las familias con hijos afectados por una o más discapacidades. El déficit en el movimiento, los sentidos o el intelecto supone siempre una tentación de encerrarse; pero puede convertirse, gracias al amor de los padres, de los hermanos y de otras personas amigas, en un estímulo para abrirse, compartir, comunicar de modo inclusivo; y puede ayudar a la escuela, la parroquia, las asociaciones, a que sean más acogedoras con todos, a que no excluyan a nadie.
Además, en un mundo donde tan a menudo se maldice, se habla mal, se siembra cizaña, se contamina nuestro ambiente humano con las habladurías, la familia puede ser una escuela de comunicación como bendición. Y esto también allí donde parece que prevalece inevitablemente el odio y la violencia, cuando las familias están separadas entre ellas por muros de piedra o por los muros no menos impenetrables del prejuicio y del resentimiento, cuando parece que hay buenas razones para decir «ahora basta»; el único modo para romper la espiral del mal, para testimoniar que el bien es siempre posible, para educar a los hijos en la fraternidad, es en realidad bendecir en lugar de maldecir, visitar en vez de rechazar, acoger en lugar de combatir.
Hoy, los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias. La pueden obstaculizar si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y de espera, olvidando que «el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido» (Benedicto XVI,Mensaje para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2012). La pueden favorecer si ayudan a contar y compartir, a permanecer en contacto con quienes están lejos, a agradecer y a pedir perdón, a hacer posible una y otra vez el encuentro. Redescubriendo cotidianamente este centro vital que es el encuentro, este «inicio vivo», sabremos orientar nuestra relación con las tecnologías, en lugar de ser guiados por ellas. También en este campo, los padres son los primeros educadores. Pero no hay que dejarlos solos; la comunidad cristiana está llamada a ayudarles para vivir en el mundo de la comunicación según los criterios de la dignidad de la persona humana y del bien común.
El desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información. Esta es la dirección hacia la que nos empujan los potentes y valiosos medios de la comunicación contemporánea. La información es importante pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión de conjunto.
La familia, en conclusión, no es un campo en el que se comunican opiniones, o un terreno en el que se combaten batallas ideológicas, sino un ambiente en el que se aprende a comunicar en la proximidad y un sujeto que comunica, una «comunidad comunicante». Una comunidad que sabe acompañar, festejar y fructificar. En este sentido, es posible restablecer una mirada capaz de reconocer que la familia sigue siendo un gran recurso, y no sólo un problema o una institución en crisis. Los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera un modelo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta que se ha de vivir; o como si fuera una ideología de uno contra la de algún otro, en lugar del espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado. Narrar significa más bien comprender que nuestras vidas están entrelazadas en una trama unitaria, que las voces son múltiples y que cada una es insustituible.
La familia más hermosa, protagonista y no problema, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos. No luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente, para construir el futuro.
Vaticano, 23 de enero de 2015
Vigilia de la fiesta de San Francisco de Sales.
Francisco
martes, 7 de octubre de 2014
¿QUÉ ES UN SÍNODO?
Una explicación del Sínodo 2014, su proceso y estructura. El Sínodo de los Obispos 2014 (5-19 octubre) se centrará en los desafíos pastorales que afrontan las familias en todo el mundo.
domingo, 5 de octubre de 2014
HOMILÍA INICIO DEL SÍNODO (PAPA FRANCISCO)
PAPA FRANCISCO EN HOMILÍA DE INICIO DEL SÍNODO: «SÍNODOS NO SIRVEN PARA VER QUIÉN ES MEJOR, SIRVEN PARA COOPERAR CON EL PROYECTO DE AMOR DEL SEÑOR» 5 de octubre de 2014.-
El profeta Isaías y el Evangelio de hoy usan la imagen de la viña del Señor. La viña del Señor es su «sueño», el proyecto que él cultiva con todo su amor, como un campesino cuida su viña. La vid es una planta que requiere much...os cuidados.
El «sueño» de Dios es su pueblo: Él lo ha plantado y lo cultiva con amor paciente y fiel, para que se convierta en un pueblo santo, un pueblo que dé muchos frutos buenos de justicia.
Sin embargo, tanto en la antigua profecía como en la parábola de Jesús, este sueño de Dios queda frustrado. Isaías dice que la viña, tan amada y cuidada, en vez de uva «dio agrazones» (5,2.4); Dios «esperaba derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos» (v. 7). En el Evangelio, en cambio, son los labradores quienes desbaratan el plan del Señor: no hacen su trabajo, sino que piensan en sus propios intereses.
Con su parábola, Jesús se dirige a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo, es decir, a los «sabios», a la clase dirigente. A ellos ha encomendado Dios de manera especial su «sueño», es decir, a su pueblo, para que lo cultiven, se cuiden de él, lo protejan de los animales salvajes. El cometido de los jefes del pueblo es éste: cultivar la viña con libertad, creatividad y laboriosidad.
Pero Jesús dice que aquellos labradores se apoderaron de la viña; por su codicia y soberbia, quieren disponer de ella como quieran, quitando así a Dios la posibilidad de realizar su sueño sobre el pueblo que se ha elegido.
La tentación de la codicia siempre está presente. También la encontramos en la gran profecía de Ezequiel sobre los pastores (cf. cap. 34), comentada por san Agustín en su célebre discurso que acabamos de leer en la Liturgia de las Horas. La codicia del dinero y del poder. Y para satisfacer esta codicia, los malos pastores cargan sobre los hombros de las personas fardos insoportables, que ellos mismos ni siquiera tocan con un dedo (cf. Mt 23,4).
También nosotros estamos llamados en el Sínodo de los Obispos a trabajar por la viña del Señor. Las Asambleas sinodales no sirven para discutir ideas brillantes y originales, o para ver quién es más inteligente... Sirven para cultivar y guardar mejor la viña del Señor, para cooperar en su sueño, su proyecto de amor por su pueblo. En este caso, el Señor nos pide que cuidemos de la familia, que desde los orígenes es parte integral de su designio de amor por la humanidad.
También nosotros podemos tener la tentación de «apoderarnos» de la viña, a causa de la codicia que nunca falta en nosotros, seres humanos. El sueño de Dios siempre se enfrenta con la hipocresía de algunos servidores suyos. Podemos «frustrar» el sueño de Dios si no nos dejamos guiar por el Espíritu Santo. El Espíritu nos da esa sabiduría que va más allá de la ciencia, para trabajar generosamente con verdadera libertad y humilde creatividad.
Hermanos, para cultivar y guardar bien la viña, es preciso que nuestro corazón y nuestra mente estén custodiados en Jesucristo por la «paz de Dios, que supera todo juicio», como dice san Pablo (Flp 4,7). De este modo, nuestros pensamientos y nuestros proyectos serán conformes al sueño de Dios: formar un pueblo santo que le pertenezca y que produzca los frutos del Reino de Dios (cf. Mt 21,43).
Source:(13 TV / Radio Vaticano).
jueves, 25 de septiembre de 2014
Medios seculares "han intentado secuestrar" Sínodo de la Familia, alerta Cardenal Burke
ROMA, 25 Sep. 14 / 05:17 am (ACI/EWTN Noticias).- El Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, Cardenal Raymond Burke, denunció que el Sínodo extraordinario sobre la Familia, que se realizará en octubre en el Vaticano, ha sufrido un intento de secuestro por algunos medios seculares que están alimentando expectativas de cambios “imposibles” en la doctrina de la Iglesia.
En recientes declaraciones a ACI Prensa, el Cardenal Raymond Burke señaló que “no creo que se deba ser brillante para ver que los medios de comunicación, por meses, han estado intentando secuestrar este Sínodo”.
El Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, que dirige el Cardenal Burke, se encarga, entre otras cosas, de manejar los casos de nulidad matrimonial en la Iglesia.
El Cardenal Burke señaló que, de forma particular, los medios de comunicación han estado presentando al Papa Francisco como favorable a permitir que la Comunión sea entregada a los divorciados en nueva unión, y otras propuestas semejantes, aunque en verdad no sea así.
El peligro, continuó el Cardenal, es que “los medios de comunicación han creado una situación en la que la gente espera que vaya a haber estos cambios mayores, que de hecho, constituirían un cambio en la enseñanza de la Iglesia, lo que es imposible”.
El Sínodo extraordinario sobre la Familia, que se realizará del 5 al 19 de octubre de este año, se ha convertido en el centro del debate sobre si la Iglesia Católica debe modificar sus prácticas pastorales para permitir que a los divorciados en nueva unión se les permita recibir la Comunión, en casos en los que no se ha obtenido una nulidad.
La enseñanza de la Iglesia en este tema, dijo el Cardenal Burke, es misericordiosa, “porque respeta la verdad de que la persona está en efecto vinculada por una unión previa que la persona, por cualquiera sea la razón, ya no está viviendo”.
“La Iglesia mantiene a la persona en la verdad de ese matrimonio”, continuó, “mientras que al mismo tiempo, siendo compasiva, entendiendo la situación de la persona, lo acoge dentro de la comunidad parroquial en formas que son apropiadas, y tratando de ayudarla a llevar una vida tan santa como puedan, pero sin traicionar la verdad de su matrimonio”.
Esto, dijo, “es misericordia”.
El Cardenal Burke remarcó que “simplemente no tiene sentido hablar sobre una misericordia que no respeta la verdad. ¿Cómo puede eso ser misericordioso?”.
El Cardenal indicó que en la Signatura Apostólica “intentamos, tanto como podemos, ayudar a las personas a que entiendan que es gravemente equivocado vivir con alguien como si estuvieran casados, cuando de hecho no estás libre para casarte”.
Para quienes piden la nulidad de su matrimonio, el Prefecto de la Signatura Apostólica dijo que “la Iglesia tiene que tener un correcto proceso para llegar a la verdad de ese pedido”.
“El proceso de nulidad matrimonial es el fruto de siglos de desarrollo, por parte de varios expertos canonistas, siendo uno de los grandes el Papa Benedicto XVI”, dijo el Cardenal, señalando que “para nosotros ahora simplemente decir que no necesitamos más eso es el colmo del orgullo, y por tanto de la necedad”.
Con miras al Sínodo de octubre, el Cardenal Burke expresó su esperanza de que “establecerá la belleza de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio, en todos sus aspectos, como una unión entre un hombre y una mujer, fiel, indisoluble de por vida, y procreativo”.
Sobre este último punto, resaltó, “la constitución pastoral de la Iglesia en el mundo moderno dijo que los niños son la corona del amor marital”.
Considerando todas las cosas, el Cardenal Burke señaló que el Sínodo sobre la Familia puede ser algo bueno “siempre y cuando se base en la doctrina y disciplina de la Iglesia con respecto al matrimonio. Pero no puede ser simplemente un tipo de enfoque sentimental o personal que no respete la realidad objetiva del matrimonio”.
“En la medida en el que se base sólidamente sobre la enseñanza de la Iglesia y su disciplina, creo que será muy positivo”, aseguró.
martes, 9 de septiembre de 2014
Cardenal Baldisseri: nueva metodologia para el Sinodo de octubre
Ciudad del Vaticano, 9 de septiembre 2014 (VIS).- Publicamos a continuación la presentación del cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, de los participantes en la próxima Asamblea General del Sínodo de los Obispos que se celebra en el Vaticano del 5 al 19 de octubre.
''¿Por qué razón hoy se publican dos páginas enteras de nombres en el cotidiano de la Santa Sede? (L'Osservatore Romano, n.d.r.) Porque a estos nombres corresponden los rostros de personas procedentes de todo el mundo, que participarán en la Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos (5-19 octubre) cuyo tema es : ''Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización''. El objetivo del encuentro es proponer al mundo de hoy la belleza y los valores de la familia, que emergen del anuncio de Jesucristo que disipa el miedo y sostiene la esperanza.
Synodus- que significa ''hacer camino juntos''- es la expresión que indica el lugar eclesial al que se acude para encontrarse y reflexionar- en la doble fidelidad a Dios y al hombre- frente a los desafío de la familia de hoy. La lista que sigue es la compuesta por los representantes de los cinco continentes, así divididos: 114 presidentes de Conferencias Episcopales, 13 jefes de Iglesias Católicas Orientales ''sui iuris'', 25 Jefes de Dicasterios de la Curia Romana, 9 miembros del Consejo Ordinario de Secretaría, el secretario general, el subsecretario, 3 religiosos elegidos por la Unión de Superiores Generales, 26 miembros de nombramiento pontificio. Otros participantes: 8 delegados fraternos, 38 auditores, de los cuales 13 parejas de esposos, 16 expertos. El total de las personas participantes a la Asamblea Sinodal es de 253.
En la dinámica de renovación de la Iglesia que el Papa Francisco quiere, la actualización de la institución sinodal se manifiesta especialmente en el proceso preparatorio y en la dinámica de las asambleas. Este proyecto, iniciado con la convocación de la Asamblea Sinodal, se esta llevando a cabo de manera nueva o renovada con acciones concretas. El criterio de renovación es el de pintar primero el cuadro y poner después el marco. La normativa en vigor es la vía por la que corre el tren del desarrollo. Prosiguiendo se darán los pasos necesarios para enmendar normas o eventualmente poner en marcha una reestructura verdadera y propia del organismo sinodal.
El itinerario del próximo Sínodo tendrá dos etapas: la Asamblea General Extraordinaria de 2014 y la Asamblea General Ordinaria de 2015. Se aplicará una nueva metodología interna de trabajo, que hará más dinámico y participativo su desarrollo con intervenciones y testimonios, y cuyo camino tendrá presente la continuidad hacia la segunda etapa, tras la cual se publicará el documento sinodal.
Tomado de: http://www.news.va/es/news/cardenal-baldisseri-nueva-metodologia-para-el-sino?utm_referrer=https%3A%2F%2Fm.facebook.com
martes, 5 de agosto de 2014
¿Qué es la familia? Responde el Papa Francisco
PANAMÁ, 05 Ago. 14 / 06:57 pm (ACI).- El Papa Francisco envió un mensaje a los participantes del I Congreso Latinoamericano de Pastoral Familiar que se realiza esta semana en Panamá, en el que explicó que “en la familia la fe se mezcla con la leche materna”.
En su mensaje dado a conocer hoy por la arquidiócesis de Panamá, el Santo Padre hace la pregunta “¿Qué es la familia?” y contesta: “más allá de sus acuciantes problemas y de sus necesidades perentorias, la familia es un ‘centro de amor’, donde reina la ley del respeto y de la comunión, capaz de resistir a los embates de la manipulación y de la dominación de los ‘centros de poder’ mundanos”.
“En el hogar familiar, la persona se integra natural y armónicamente en un grupo humano, superando la falsa oposición entre individuo y sociedad. En el seno de la familia, nadie es descartado: tanto el anciano como el niño hallan acogida. La cultura del encuentro y el diálogo, la apertura a la solidaridad y a la trascendencia tienen en ella su cuna”.
“Por eso, la familia constituye una gran ‘riqueza social’. En ese sentido, quisiera subrayar dos aportes primordiales: la estabilidad y la fecundidad”.
El Santo Padre explica luego en el texto que “las relaciones basadas en el amor fiel, hasta la muerte, como el matrimonio, la paternidad, la filiación o la hermandad, se aprenden y se viven en el núcleo familiar".
"Cuando estas relaciones forman el tejido básico de una sociedad humana, le dan cohesión y consistencia. Pues no es posible formar parte de un pueblo, sentirse prójimo, tener en cuenta a los más alejados y desfavorecidos, si en el corazón del hombre están fracturadas estas relaciones básicas, que le ofrecen seguridad en su apertura a los demás”.
“Además, el amor familiar es fecundo, y no solo porque engendra nuevas vidas, sino porque amplía el horizonte de la existencia, genera un mundo nuevo, nos hace creer, contra toda desesperanza y derrotismo, que una convivencia basada en el respeto y en la confianza es posible. Frente a una visión materialista del mundo, la familia no reduce el hombre al estéril utilitarismo, sino que da cauce a sus deseos más profundos”.
El Papa resalta asimismo que “desde la experiencia fundante del amor familiar, el hombre crece también en su apertura a Dios como Padre. Por eso el Documento de Aparecida indicó que la familia no debe ser considerada solo objeto de evangelización, sino también agente evangelizador”.
“En ella se refleja la imagen de Dios que en su misterio más profundo es una familia y, de este modo, permite ver el amor humano como signo y presencia del amor divino. En la familia la fe se mezcla con la leche materna. Por ejemplo, ese sencillo y espontáneo gesto de pedir la bendición, que se conserva en muchos de nuestros pueblos, recoge perfectamente la convicción bíblica de que la bendición de Dios se transmite de padres a hijos”.
El Santo Padre afirmó luego que “conscientes de que el amor familia ennoblece todo lo que hace el hombre, dándole un valor añadido, es importante animar a las familias a que cultiven relaciones sanas entre sus miembros, a que sepan decirse unos a otros ‘perdón’, ‘gracias’, ‘por favor’ y a dirigirse a Dios con el hermoso nombre del Padre”.
Para concluir, el Papa Francisco hizo votos para que “nuestra Señora de Guadalupe alcance de Dios abundantes bendiciones para los hogares de América y los haga semilleros de vida, de concordia y de una fe robusta, alimentada por el Evangelio y las buenas obras. Les pido el favor de rezar por mí, pues lo necesito”.
lunes, 4 de agosto de 2014
NECESITAMOS A LOS PAPÁS
Antes de que iniciara la misa del
domingo, estuve observando a dos familias que llegaron un poco después que yo y
se acomodaron en las bancas de más adelante.
Primero llegó una mamá joven, morena y muy
guapa con una niña parecida a ella como de unos 11 años, seguidas por dos niños
mas chicos, como de 9 años y el pequeñito cerca de los 5 añitos.
Estos niños eran güeros, muy
güeros (rubios), tanto que hasta las pestañas eran casi blancas, sobre todo el
más chico, contrastaban con la mamá y la hermanita.... en seguida se acomodó
junto a ellos el papá, tan güero como los niños... pero eso no fue lo que más
observé, sino las actitudes de los dos niños..... los dos, luchando por ser el
más cercano a su papá.... por supuesto que el mayor desplazó al chico.... que,
sin manera de ganarle a su hermano, no le quedó otra arma que el llanto...
inmediatamente los ojitos y la nariz del niño se pusieron rojas, rojas, y las
lágrimas se le saltaron... tanto la mamá como el papá preguntaron ¿qué te pasa?
y el niño restregándose la cara dijo que quería estar junto a su papá..... sin
más palabra, el papá se puso en las piernas al niño y asunto solucionado,
aparentemente, el grandecito repegado a su papá, apretado contra su brazo
trataba de llamarle la atención más que su hermano... así permanecieron un buen
rato, hasta que el chiquito tuvo ganas de ir al baño.... entonces recordó que
también tenía mamá y fue ella la que lo llevó fuera... no una sino tres veces
durante la misa.
La otra familia llegó un poco después, una
mamá con dos hijos hombres, el papá y una señora que supongo era una tía por la
cercanía de los niños con ella, los dos niños eran algo mas grandes que los
otros, uno como de 12 años y el otro como de 10.... En esta familia se repitió
el mismo patrón, los dos chicos uno a cada lado de su papá sin dejar ni un
espacio entre ellos, apretados contra sus brazos. mirándolo a la cara...
pendientes de él......
Estas dos familias irradiaban
algo…. Irradiaban seguridad, armonía, confianza…. Se sentía uno agusto con su
cercanía.
Realmente es hermoso el amor paterno, es tan
necesaria esa intimidad, esa admiración por la imagen paterna que fue un
verdadero privilegio ver el espectáculo repetido y tan cercano. ¡Cuántas niños
quisieran vivir así!
Dios bendiga a las familias, a
los papás que están junto a sus hijos y
les dan tanto amor y confianza. También pedimos por aquellos que no han sabido,
ni han querido; o no han podido ejercer
su paternidad.
En el mes de Octubre que se
celebrará el Sínodo sobre la Familia, oramos por todas las familias del mundo.
Por las que sufren, pero también por las que son felices, por las que saben ser
testimonio de que la familia es un don de Dios. En esta ocasión por los papás.
Se habla tanto de “madres solteras” como si fuera un logro en la sociedad y no
como un fracaso en la relación. Las madres solteras tienen que enfrentarse a
muchísimas cosas para sacar adelante a sus hijos pero de ninguna manera, estoy
segura, es lo que ellas deseaban para sus hijos. Cuando concibieron, no lo
hicieron solas, sino porque entablaron una relación que esperaban fuera de amor
y felicidad pero que por distintas circunstancias terminó rota. Y una ruptura
no es motivo de alegría ni de estabilidad. Así que, gracias papás que están con
sus hijos como debe ser, como se espera que sea. ¡Cómo se alegra el corazón
cuando se ve una familia unida!... y a los hijos amando y admirando a sus papás,
como pude ser testigo en esta ocasión de la que doy gracias a Dios.
jueves, 31 de julio de 2014
SER ABUELO
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