lunes, 4 de agosto de 2014

NECESITAMOS A LOS PAPÁS



Antes de que iniciara la misa del domingo, estuve observando a dos familias que llegaron un poco después que yo y se acomodaron en las bancas de más adelante.

 Primero llegó una mamá joven, morena y muy guapa con una niña parecida a ella como de unos 11 años, seguidas por dos niños mas chicos, como de 9 años y el pequeñito cerca de los 5 añitos.

Estos niños eran güeros, muy güeros (rubios), tanto que hasta las pestañas eran casi blancas, sobre todo el más chico, contrastaban con la mamá y la hermanita.... en seguida se acomodó junto a ellos el papá, tan güero como los niños... pero eso no fue lo que más observé, sino las actitudes de los dos niños..... los dos, luchando por ser el más cercano a su papá.... por supuesto que el mayor desplazó al chico.... que, sin manera de ganarle a su hermano, no le quedó otra arma que el llanto... inmediatamente los ojitos y la nariz del niño se pusieron rojas, rojas, y las lágrimas se le saltaron... tanto la mamá como el papá preguntaron ¿qué te pasa? y el niño restregándose la cara dijo que quería estar junto a su papá..... sin más palabra, el papá se puso en las piernas al niño y asunto solucionado, aparentemente, el grandecito repegado a su papá, apretado contra su brazo trataba de llamarle la atención más que su hermano... así permanecieron un buen rato, hasta que el chiquito tuvo ganas de ir al baño.... entonces recordó que también tenía mamá y fue ella la que lo llevó fuera... no una sino tres veces durante la misa.

 La otra familia llegó un poco después, una mamá con dos hijos hombres, el papá y una señora que supongo era una tía por la cercanía de los niños con ella, los dos niños eran algo mas grandes que los otros, uno como de 12 años y el otro como de 10.... En esta familia se repitió el mismo patrón, los dos chicos uno a cada lado de su papá sin dejar ni un espacio entre ellos, apretados contra sus brazos. mirándolo a la cara... pendientes de él......

Estas dos familias irradiaban algo…. Irradiaban seguridad, armonía, confianza…. Se sentía uno agusto con su cercanía.

 Realmente es hermoso el amor paterno, es tan necesaria esa intimidad, esa admiración por la imagen paterna que fue un verdadero privilegio ver el espectáculo repetido y tan cercano. ¡Cuántas niños quisieran vivir así!

Dios bendiga a las familias, a los papás que están junto a sus  hijos y les dan tanto amor y confianza. También pedimos por aquellos que no han sabido, ni han querido; o no  han podido ejercer su paternidad.

En el mes de Octubre que se celebrará el Sínodo sobre la Familia, oramos por todas las familias del mundo. Por las que sufren, pero también por las que son felices, por las que saben ser testimonio de que la familia es un don de Dios. En esta ocasión por los papás. Se habla tanto de “madres solteras” como si fuera un logro en la sociedad y no como un fracaso en la relación. Las madres solteras tienen que enfrentarse a muchísimas cosas para sacar adelante a sus hijos pero de ninguna manera, estoy segura, es lo que ellas deseaban para sus hijos. Cuando concibieron, no lo hicieron solas, sino porque entablaron una relación que esperaban fuera de amor y felicidad pero que por distintas circunstancias terminó rota. Y una ruptura no es motivo de alegría ni de estabilidad. Así que, gracias papás que están con sus hijos como debe ser, como se espera que sea. ¡Cómo se alegra el corazón cuando se ve una familia unida!... y a los hijos amando y admirando a sus papás, como pude ser testigo en esta ocasión de la que doy gracias a Dios.

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